Los guaraníes colocaban el agua para calentar en una vasija
de barro cocido. Pero con la llegada de los conquistadores vinieron
también los calderos de cobre que reemplazaron a las vasijas
aborígenes. Tenían forma de jarra y no llevaban tapa.
A mediados del siglo diecinueve la pava, que se empleaba en las ciudades,
"viajó" al campo y nuestros gauchos se habituaron
a ella.