A los fracasos de colonización de Ayolas, Domingo Martínez
de Irala toma el mando y en 1554 inicia una expedición a las
tierras del Guairá (actualmente estado brasilero).
En estas tierras algo le llama la atención a los españoles;
la buena talla, vigor físico y excelente estado de salud de
los aborígenes. El secreto de estas buenas cualidades, es la
causa de beber en calabazas naturales por medio de canutos de caña
una infusión de hojas proveniente del árbol caá.
Según la historia guaraní su dios tupá les había
concedido ese árbol, como don de salud y vigor a sus antepasados
payés de la tribu.
Esta expedición de regreso a Asunción expande la novedad
y se entorna vicio desde los superiores hasta la más humilde
población.
Este vicio hacía que sus ingresos eran gastados en yerba mate.
No obstante de lo ocurrido , la iglesia califica a la yerba cosa del
demonio por sus principios hechiceros de su creador tupá, y
es prohibida.
En la campaña contra el mate un fraile la caracteriza como
afrodisíaca, obteniendo resultados opuestos a sus objetivos,
creando el auge de esta infusión.
No tardaron en usar los yerbatales naturales como medio de exportación
para beneficiar la economía; creándose como consecuencia,
la esclavitud de muchos indios.
Esta posición de los nativos mejoró en el siglo XVII
por órdenes del rey Felipe III.
Para mejorar la condición de vida indígena se crean
las misiones; teniendo como principal recurso económico la
explotación de sus propios campos de yerba mate. Al transcurrir
el tiempo esta bebida se va consolidando en toda la población.