Una vez hechada la yerba dentro de la galleta y procurado desplazar
las partículas más gruesas hacia la parte inferior,
se lleva toda la masa de yerba hacia una de las "pencas"
presionándola con el dedo o con la bombilla.
Se moja luego la yerba. Lo más común es dejar la bombilla
puesta, virtiendo el agua suavente junto a ella y dejando reposar
para que la yerba se hinche y no tape el filtro.
Comienza así a cebarse, hechando el agua caliente en la parte
donde hay menos yerba, extrayendo mate a mate el sabor de esta porción
menor de la cebadura y de la parte superficial de la porción
ajustada. Queda la mayor parte de la cebadura contenida por la bombilla
contra una de las caras de la galleta, esperando su turno de entrar
en acción.
Cuando se agota la porción de yerba con que se comenzó
a cebar se agota, el cebador hará entrar en funciones a la
otra mitad de la cebadura que está en ajuste. Para ello, quita
la bombilla y con la paletilla, ajusta la yerba hacia el lado opuesto
al que ocupaba en la galleta. A esta operación se le llama
"dar vuelta la yerba" o "dar vuelta el mate" que
es lo que en realidad ocurre, ya que la bombilla quedará hacia
el otro lado (Este movimiento de la bombilla explica la extraña
deformación que por el prolongado uso sufre la boca de este
tipo de mates). Así se sigue cebando en un segundo acto, porque
el mate está nuevo otra vez.