"Si la función de cebar mate llegó a ser,
en una época, destino alabado de muchos humildes, sus conocimientos
empíricos y su especial habilidad en aplicarlos, que daban
fama en este modesto arte por cuando permitían convocar en
la calabacita todas las virtudes y excelencias de la yerba, fueron
perdiéndose gradualmente al reducirse la órbita de ésta
costumbre al círculo estricto de lo familiar.
En otro tiempo, un mate mal cebado podía constituir principio
de descrédito social para una familia. Pero luego, cuando la
costumbre se encerró en la intimidad de la rueda familiar,
las deficiencias en su ejercicio perdieron toda posible repercusión
y, si no se las disimulaba en absoluto, el problema se reducía
al de encontrar los medios más fáciles de corregirlas.
Por consiguiente, ya no fueron imprescindibles las sirvientas especiales.
Y el arte vino a menos. Los especialistas fueron sustituidos por muchachas
o muchachos para quienes la tarea se parecía mucho a una imposición
de castigo, como a veces lo era. En manos de estos condenados agonizó
la técnica de cebar mate."