Se llama curar el mate al proceso de adaptar éste recipiente
a la infusión a que se lo destina. Sólo admiten este
proceso aquellos fabricados con materiales porosos (especialmente
y por excelencia los construídos con una calabaza ahuecada),
ya que sus paredes internas tendrán la capacidad de quedar
impregnadas con el "espíritu de la yerba" madurando
la infusión con la incorporación de un íntimo
matiz añejo, tan apreciado por el matero experimentado como
la calidad de la yerba misma. Por lo mismo aquellos mates construídos
con materiales no porosos revisten el carácter de incurables,
ya que tras el lavado, pierden todo recuerdo del sabor de la yerba,
así lleven años de uso.