En un principio, tanto indígenas como colonos creían
que la yerba mate sólo podía reproducirse luego de un
complejo proceso que involucraba el pasaje por el estómago
de un pájaro que se alimentara con las flores de la planta.
Fueron los Padres Jesuitas los que investigaron la naturaleza de la
planta y luego de variados ensayos obtuvieron almácigos y plantaciones.
Hoy, las plantas de la yerba mate crecen en viveros y son trasladadas
al campo seis meses después. Los expertos siguen rigurosamente
un proceso de control, manejo integral de plagas, mejoramiento en
el desarrollo de las plantas y seguimiento de todo aquello que hace
a la producción sustentable y preservación del medio
ambiente.