Leyenda de San Francisco Solano. Cuenta esta leyenda
que volviendo San Fancisco Solano de Tucumán con una tropa
de carretas en las que se transportaba madera para la iglesia que
se levantaba en Santiago, se detuvo en el paso del Río Dulce
por hallarse extraordinariamente crecido. Mientras sus compañeros
de marcha descansaban, él oraba. De pronto, ante la sorpresa
general, ordenó partir. Él marchó delante montado
en una mula, y en el instante de llegar al río, las aguas se
apartaron dejándole pasar. "Ahí tienen el río
hondo", exclamó bromeando, y desde entonces quedó
a esa parte del río Dulce tal nombre, lo mismo que a la población,
que en sus márgenes se halla situada.