Hay varias versiones, pero quiz· la m·s difundida es la que da JoaquÌn V. Gonz·lez. "Era una joven enamorada de un imposible, de un caballero del bosque, de un Lohengrin de ignorado y quiz· celestial origen; vivieron mucho tiempo solos, am·ndose y cantando juntos las canciones m·s apasionadas, pero de un amor ideal y mÌstico que nunca debÌa convertirse en fuego de himeneo. Su idilio era asÌ, tan delicioso como Ìntimo; desliz·base a la orilla de las silenciosas vertientes, a la sombra de los aromos- aliment·banse de las plantas silvestres y bebÌan el licor de las flores en la hora del alba, cuando en el fondo de los c·lices aparece depositada como en copitas de cristales de colores. EmpezÛ un dÌa el caballero a ponerse triste y pensativo, callaron en su garganta los cantares y una sombra tenaz oscurecÌa su ojos transparentes. Y una tarde, fue en la primavera mientras encima de una roca contemplaban el juego de las nubes alrededor del sol poniente, oyÛ el caballero misterioso una nota penetrante, como de m²sica religiosa que brotase de un templo aÈreo; sintiÛ un m·gico fl²ido correr por su sangre, y durante un breve sueÒo que nublÛ los ojos de la dulce amiga, convirtiÛse en un p·jaro de pintadas plumas y emprendiÛ el vuelo hacia donde parecÌa surgir la m²sica extraÒa... DespertÛ la virgen de su sueÒo y, viÈndose sola, p²sose a llorar desesperada, loca, delirante; luego corriÛ hasta el borde de los precipicios, hasta las cimas desde donde pudiese divisar horizontes remotos, llamaba sin cesar, sin oÌr otra respuesta que la del eco burlÛn y cruel que la engaÒaba siempre, repitiÈndole cien veces sus llamados quejumbrosos e in²tiles. Cuando habÌa pasado la noche, recorrido las cumbres, implorado a los as tros y a los vientos, se sintiÛ desfallecer, apagarse su voz, y como si se evaporase su carne de rosa entre los perfumes de la alborada, cayÛ su cuerpo extenuado sobre un tapiz de flores r²sticasÖ Y de allÌ surgiÛ despuÈs una avecilla blanca como la virginidad y ceÒÌa su cuerpo impalpable una cinta negra, como sÌmbolo de una eterna despedida. °Ah!, desde entonces vaga y vaga por todas las comarcas, asent·ndose en los ·rboles a mirar hacia el fondo de los llanos, sobre la flor de los empinados cardones que coronan las ²ltimas rocas del cerro, y. asÌ, sin tÈrmino, hasta que, convertida en rayo de luz, se desvanezca en la irradiaciÛn del astro del dÌa". Otra versiÛn de la leyenda de la viudita, asegura que una pareja de enamorados, Felisa y Servando, de diferente condiciÛn social, huyeron un dÌa por no permitÌrseles contraer matrimonio. Pero las necesidades llegaron con el tiempo y alejÛse el mozo en busca de trabajo. La ausencia fue larga, y saliÛ la joven a buscarlo. No le hallÛ jam·s. Apiadado Dios de ella, la transformÛ en un pajarito blanco simbolizando en su color la virtud, ya que supo resistir el asedio de no pocos gauchos de la comarca.

 
 
 

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