Una vieja leyenda guaraní refiere que estas bellas cataratas tuvieron su origen en los amores de una hermosa india llamada Porá-sí y de Iguá, atlético joven de una tribu vecina. Como los padres de ella se opusieron a su amor, huyeron ambos un día. Perseguidos y cercados, ante el temor de que alguna flecha certera hiriera a su dulce compañera, Iguá se sacrificó arrojándose a la muerte desde una barranca. Tanto lloró de dolor Porá-si, que con sus lágrimas se formaron las grandes cataratas hoy conocidas con el nombre de Iguazú.
 
 
 

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