Una joven india, llamada Picasú (Paloma) era
amada entrañablemente por Guazutí (Venado) Isipó
Liana, (enredadera), no podía sufrir los amores de aquéllos
porque esperaba ser correspondida por Guazutí. Un día
en que Picasú recorría la selva, una flecha la hirió
de muerte. Su desgarrado lamento orientó al indio, quien acercándose
a la infeliz comprendió que su fin se acercaba. Entonces tomó
un trozo de tacuara y trató, acercándolo a los labios
de la moribunda, que sus últimas quejas quedaran encerradas
en ella. Luego cerró la caña con tierra empapada con
sus propias lágrimas. Pero un día, Isipó hurtósela
y la destapó, soplando para que huyeran los lamentos recogidos
en ella. Pero los mismos brotaban cada vez que soplaba y perduró
para siempre a través de las edades, no sólo en ese
trozo de tacuara, sino en todas las cañas.