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Cuenta la tradición en la región mesopotámica
que cuando un buen día el yaguareté declaró
la guerra a todos los animales, éstos trataron de oponerle
resistencia y, reunidos en consejo, resolvieron enviar de centinelas
al chajá, al carpincho y a la nutria, confiando en sus grandes
dotes de animales vigilantes. Cierta noche oyeron ruidos en el pajonal,
y ahí nomás gritó el chajá: "Ahí
está"; el carpincho preguntó: "¿Dónde?"
y se zambulló, y la nutria exclamó: "¡Qué
flojos!", y se durmió. Fue tomada prisionera y condenada
a eterna esclavitud, siendo por ello el animal más manso
de los bañados.
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