La regiÛn humahuaqueÒa antes de que el mundo estuviera totalmente formado, era un lugar sereno y de paz. Los indios vivÌan labrando sus andenes y gustando la coca en acullicos interminables. CalchaquÌes y diaguitas soÒaban envidiosos con conquistar sus tierras llenas de vida, amor y esperanza. Un dÌa resolvieron enviar a una de sus m·s hermosas mujeres llamada Zumac Huayna para enamorar al jefe de los humahuacas, distraerlo de sus labores, de su vigilancia sobre el pueblo feliz y permitir la destrucciÛn del mismo. Y en efecto lo consiguiÛ. La muerte reinÛ por doquier al ser traicionados los humahuacas. Una noche infernal fue aquella en la que perecieron miles y miles de hombres desarmados hasta hacÌa poco dichosos y contentos. SÛlo se salvÛ el infortunado jefe, que lanzando profÈticas palabras anunciÛ lo in²til de esa matanza, ya que no gozarÌan sus vencedores de la victoria. La tierra antes verde amarilleÛ de arenas estÈriles, de rocas erizadas. Y primero Èl y luego todos los cad·veres de sus hermanos, fueron transformados en espinosos cactus y escalon·ronse en quebradas y valles, en las cimas, y en los pasos, como centinelas alertas y eternos. Y en las horas que el sol calcina la tierra abertal, otrora fÈrtil, abren la gloria de sus flores amarillas, blancas y rojas, que, seg²n dicen los lugareÒos, son las almas de aquellos buenos indios...
 
 
 

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