¡Jinetazo el mozo!
Después de unos cuantos meses de vacaciones en el campo, ya
de regreso en su ciudad un pueblero se encuentra con un grupo de amigos
que lo acosan a preguntas.
-¿Qué tal, Juancito? -le pregunta uno-; ¿anduviste
mucho a caballo?
-¡Ni me hagan acordar! La primera vez que anduve fue en
uno "marrón"; iba a todo correr, y así llegamos
a un gran charco que había en el medio del camino. Sin detenerse,
el caballo lo salta
-¿Y vos? -interrumpen los amigos.
-Y yo ¡clavado! Sigue el caballo al galope tendido; encuentra
una tranquera, la salta
-¿Y vos? -interrumpen nuevamente.
-Yo, yo, ¡clavado nomás!
-¡Ah, criollo!
-El caballo prosigue en su veloz carrera -continúa Juancito-;
encuentra una enorme parva de pasto y en un salto magnífico
-¿Y vos siempre clavado en el pingo? -interrumpe incrédulo
uno de los amigos.
-¿Quién? ¿Yo? ¡Qué esperanza! Yo
seguía clavado en el barro del primer charco