El Tronador, cerro volcánico situado a los 41° de latitud
sur en los Andes patagónicos, cuya altura es de 3.400 m sobre
el nivel del mar. Sus cumbres nevadas permanentemente, como todas
las de esta sección andina le dan un aspecto característico.
Su nombre proviene de los ruidos sordos que parecen emerger de su
seno y ocaslonado en su mayor parte por violentos aludes que el eco
multiplica en forma impresionante. Estos ruidos extraños son
los que han dado origen a la leyenda del Tronador, recogida por Mascardi
en 1670, y que refiere que Linco-Nahuel era un cacique valeroso que
tenía sus dominios en los que nadie podía entrar sin
su consentimiento, desde el Tronador hasta todas las regiones vecinas
del Nahuel Huapí. Cierto día llegó hasta los
pies del cerro una tribu de indios ena nos dispuestos a acampar. Ello
originó una lucha áspera y terrible. Los invasores disparaban
certeras y mortales flechas, y su estrategia les permitió tomar
prisionero a Linco-Nahuel y a gran número de sus adictos. Los
vencedores los llevaron hasta la cumbre del Tronador, y desde allí,
atados de pies y manos, comenzaron a arrojarlos individualmente al
abismo. Pronto se estremeció y rugió la montaña
y un verdadero alud llevó a la muerte a todos los que en ella
se encontraban. Sólo quedaron los dos caciques, allá
sobre la cumbre para escuchar eternamente el tronar de sus entrañas
que desde entonces no ha callado.