Un hombre rico escucha un día al sacerdote que desde su púlpito anuncia que quien diera limosna a los pobres recibiría el doble. Sin pensarlo más reparte la fortuna suya esperando recibir así el premio. Pasa el tiempo y no recibe nada, por lo que increpa al cura que había dicho aquello. Este le dice que lo vea a Dios, que es quien le dará el doble de su fortuna. Mientras le busca, unas costureras que trabajan día y noche e inclusive los días feriados, le ruegan que si le ve le pregunte hasta cuándo serán pobres. Otro señor le encarga le pregunte cuándo dará uva su viña. Pasa el tiempo y por fin es llevado por un niño hasta Dios. Le hace su reclamo, y Dios le da el doble de la riqueza repartida, con la condición de que siga haciendo la caridad y no falte a misa los domingos. En cuanto a las costureras, dejarán de ser pobres cuando descansen los feriados, y el viñadero verá fructificar sus vides cuando deje de regar sus viñas con agua ajena.

 
 
 

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