Durante un gran diluvio sólo quedó emergiendo de las
aguas, en constante ascenso, la Krinjidjimbé (Sierra do Mar
en el Brasil). La muerte asolaba por doquier a las tribus, y sólo
consiguieron ascender a la sierra nombrada los Kaingángues
y Kuruton (gente desnuda). Cuando ya el agua llegaba también
hasta ellos vieron en el cielo bandadas de saracuras (pollas de agua)
que traían enormes canastos de tierra que volcaban sobre el
líquido elemento. Varias veces hicieron lo mismo, y como su
obra no podía terminarse solicitaron la ayuda de los péing
being (patos). Tanto hicieron, que por fin lograron construir un terraplén
hasta donde estaban los pobres indios. Por él pasaron los que
aún quedaban con un ligero soplo de vida, pues muchos habían
perecido ahogados. Sus almas fueron descendiendo y dieron nacimiento
a pequeños arroyos. Y como el terraplén se había
levantado en la costa las aguas fueron descendiendo hacia el interior,
buscando así su nivel. Y en esta marcha hacia el mar encuentran
desniveles, paredones, peñascos, restingas, que explican las
características del Paraná y Uruguay y de sus afluentes,
tales como el salto de la Guayra en Brasil, los rápidos de
Apipe, las cataratas del Iguazú, etc.