Arbol de extraordinario desarrollo, pues alcanza hasta dos metros de diámetro y quince de altura, es el palo borracho, científicamente llamado Chorisia insignis. Crece en Misiones, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y Santa Fe. Es conocido además con los siguientes nombres: yuchán, algodonero, painero, peinera, palo botella, palo barrigudo, samohú. Es de extraordinaria belleza y no menos útil, ya que el hombre aprovecha su fruto, su tronco, la corteza, etc.
Numerosas leyendas refieren el origen del mismo, pero la más difundida, que corresponde al Norte del país, es la siguiente:
En el abultado tallo de un enorme palo borracho vivía el Padre de los peces. Era el amigo de las tribus indígenas que habitaban sus proximidades, y para que el alimento no llegara a faltarles, de noche llenaba de agua y de peces el tronco, que durante el día bajaban a la llanura y de ahí engrosaban el cauce de los ríos, donde aquellos eran pescados.
Un día, uno de los indios decidió comerse a su protector. Se acercó cautelosamente y, tendido con fuerza su arco, disparó una flecha de guayacán, que certeramente atravesó el corazón del Padre de los peces.
Horrorizado de su propia obra, vio que éste, en los esteriores de su agonía, con su potente cola azotó todos los palos borrachos de la región, los que al partirse arrojaban el agua sobre el llano, buscando el nivel de todos los ríos.
Los hombres de las tribus, que hasta entonces vivían cercanos unos a otros, se dispersaron y penosamente tuvieron que buscar el alimento, guerreando a veces para obtenerlo. En este ir y venir, formaban pequeños poblados, de los que poco a poco también fueron desalojados por el empuje del hombre blanco que marchaba hacia el Norte.
El padre de los peces, alojado ahora en el fondo de la Tierra, oía el fragor de las cruentas luchas, y de tanto en tanto asomaba una lengua gigantezca de siete colores que cubría el cielo (el arco iris) y trataba de que abandonaran sus bélicos ímpetus y se asentaran, beneficiados por el trabajo fecundo.
Aún hoy, en que han pasado añares, hay quien a la vera de arroyos y lagunas añora a aquel que durante las noches ponía en el panzudo tronco del palo borracho miríadas de peces para que las tribus no perecieran de hambre…

 
 
 

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