| La leyenda guaraní del maíz (abatí) exalta
el sacrificio de un indio que para aplacar las iras de Tupá,
cuyo culto habían olvidado sus hermanos, se ofreció
en ser inmolado cuando el cacique anunció que de esa manera
volverían a la región la abundancia y el bienestar.
Dispuesto, pues a morir, fue enterrado en una fosa, de la que sólo
sobresalía su nariz. Cuando, transcurridos los días,
los suyos fueron a ver el lugar en que yacía, observaron con
gran sorpresa que en el lugar había nacido una planta des conocida,
cuyo fruto era una espiga con granos amarillos. La llamaron abati,
que en lengua guaraní significa "nariz del indio".
Otra versión de esta leyenda, recogida por Romario Martins,
dice que el sacrificio por el bien de la tribu es realizado por
Ñara, el gran hechicero, quien inspirado por Tupá
hizo que le ramearan por los campos, dejando en cada hueco del terreno
en cada zarza, en cada piedra, un trozo de su cuerpo. Andando el
tiempo, su sangre de mártir y sus despojos inmolados se transformaron
en una gramínea -el maíz- hasta entonces desconocida,
y que sirvió para dar alimento a su tribu.
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