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La posta era como un "hotel" en la ruta. Los viajeros
llegaban en carretas y diligencias y se refugiaban allí donde
podían refrescarse, comer y descansar durante la noche. Las
postas se hallaban más o menos a cinco kilómetros
unas de otras, a lo largo del camino. Eran atendidas por el capataz
o maestro de posta que vivía allí con su familia.
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