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El ñandú ha sido desde antaño muy codiciado
por sus plumas (irreemplazabes en la confección de plumeros),
por su carne y su piel, llegando su depredación a poner a
esta especie en peligro de extinción.
Los gauchos se dedicaban a la caza del ñandú con las
boleadoras. La boleada se realiza en la primavera y principios del
verano. Allí los gauchos demostraban su destreza y arrojo,
lanzando sus caballos a toda carrera detrás de las veloces
aves, para arrojarles las boleadoras que se enredaban con infalible
puntería a las patas, haciéndolas rodaba por tierra.
Hoy se cazan con trampas para evitar lesiones y preservar la vida
del animal.
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