Se llamaba así al gaucho que atendía una pulpería. La mayoría de éstos hombres tenían muy poca instrucción.
El pulpero no sólo vendía vino, comestibles y toda clase de bebida blanca, sino también que en invierno despachaba café.
Durante el verano se ponía tras el mostrador en mangas de camisa, sin chaleco, con calzoncillos cribados y chiripá de sábana o de alguna tela liviana; algunas veces usaba medias y chancletas.
El pulpero atendía a los sirvientes que concurrían en busca de lo necesario para la casa, como yerba, azúcar, o a los que concurrían a comprar bebida, que tomaban allí mismo.

 
 
 

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