La lechuza es una víctima de la superstición. Se
dice que es anunciadora de la desgracia y se la mira con antipatía.
Cuando se escucha el grito nocturno de estas aves, la gente suele
pronunciar a modo de defensa contra una mala suerte: -¡Cruz
diablo!, y con esto ya se siente cubierto de cualquier suceso desagradable.
Sin embargo, son pocos los animales capaces de hacer lo que hacen
las pobres e inofensivas lechuzas: comen ratones y otros mil bichos
dañinos y, en muchos casos, atacan y matan a víboras
venenosas. Y más aún: son vigilantes de la noche, pues
un movimiento raro en medio del campo las hace estallar en fuertes
chillidos, que llevan la alarma a los pobladores que están
entregados al descanso.