El hombre de campo creía en la existencia de seres humanos
que podían transformarse en animales y retomar, después,
su forma primitiva. Uno de los principales motivos era el de ser el
séptimo hijo varón de una misma familia y haber nacido
en día viernes.
El lobisón se convertía en lobo, cerdo, u otro animal,
que frecuentaba los cementerios en busca de alimentos. Aparecía
de noche e inspiraba temor, pues atacaba a las personas. Si lograban
herirlo, perdía al instante la forma animal.