El diablo recibe diferentes nombres, según la región
del paíz. Se lo conoce por diablo, zúpay, duende, malo,
huecú, y otros.
Él simboliza el mal en todas sus manifestaciones, la adversidad,
el dolor, la miseria.
Según la mitología, el diablo ha encarnado alguna vez
en cuerpo de hermoso mancebo, apareciéndose en un rancho para
tentar a cierta mujer ingenua. En otra ocasión se ha mostrado
como un gaucho rico y joven que visitó la selva en su caballo
enjaezado de mágicos arreos. Los nativos hablan asi mismo del
duente, en quien se reconoce su origen español. Es el enano
travieso de la siesta, con su corta estatura, su rostro magro y barbirrubio,
el ingenio maligno bullendo bajo el ancho sombrero
de copa en embudo. Recorre los largos senderos y asoma a la vecindad
de los ranchos en busca de niños, que en algunos tiempos fueron
necesarios sus cuerpos, por sus huesecitos y tiernas carnes, para
los preparados de hechicería.
Zupay es, no sólo el monarca de aquellas espesuras, sino el
centro de su mitología del mal Él preside la Salamanca,
misteriosa caverna del bosque donde los hombres llegan a la posesión
de las ciencias satánicas; él inicia a la bruja y otorga,
sobre hipotecas del alma, extraordinarios Poderes.