Cuando los gauchos hacían una fiesta preparaban un asado con cuero. Todavía hoy es el mejor agasajo de la gente de campo, especialmente al recibir la visita de extranjeros que desean conocer las viejas costumbres criollas.
Para prepararlo, se mata una vaca o una vaquillona, sin perseguirla, porque el cansancio perjudica el sabor y la frescura de la carne. Sin sacarle el cuero, se deja orear durante toda la noche; en la madrugada se hace un buen fuego y, cuando sólo hay brasas, se asa lentamente sobre grandes parrillas, poniendo la carne con la parte del cuero hacia arriba.
El asado está a punto cuando al tirar de los pelos, éstos se desprenden con facilidad. Según la costumbre, suele darse vuelta la carne y dejar que se tueste bien el pelo. Luego se retira del fuego y se sirve cuando está fría. Preparada de este modo la carne adquiere un sabor exquisito y gusta a todo el que la prueba.
 
 
 

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