-Si se los ve correr asustados y bufando o se ve que los toros se revuelcan en el suelo como los caballos, no tardará mucho en caer una tormenta, o habrá mal tiempo.

-Si el caballo ensillado se sacude, es señal de que la novia o la mujer del jinete mantiene conversaciones sentimentales con otro hombre, o que le está poniendo los cuernos según otros.

-Hay también quien asegura que sólo es señal de que la mujer está embarazada.

-Si la pava del mate se cae y se vuelca en el fuego, anuncia una rodada

-También anuncia la rodada el estribo que al apearse el jinete queda doblado hacia atrás.

-Trae desgracia domar un potro con los machos del bozal prestados por otro domador.

-Al potro más bellaco y arisco se le arrea fácilmente si se le practica una fuerte ligadura con un tiento en una mano por arriba del codo.

-Otros prefieren doblarle las orejas y atárselas, o atarles fuertemente el pico.

-Si el potro se niega a que se le ponga el bocado, se le pasa el pico por la manija de tientos del rebenque y se le retuerce como una mordaza, hasta que el dolor del labio apretado le hace ceder y entregar el hocico.

-Para que el potro no muera por la capadura, el capador, le hace una cruz con la punta del cuchillo en la raíz del marlo.

-Después de capar a un potro, algunos domadores le pegan tres lonjazos mientras está en el suelo. Si se levanta antes del tercero, es señal de que será un caballo ligero.

-El domador no enfrenta por primera vez un potro en luna nueva pues está convencido de que cada vez que en lo sucesivo le ponga el freno, se le llenará de baba el hocico. Por eso cuando el criollo ve un caballo con el freno espumoso de babas, dice, despectivamente, que es un caballo que fue enfrenado en luna nueva.

-El capador capa sólo en menguante.

-Para que el caballo no se embiche y conserve buen pelo aunque no se le cuide y se le tenga a campo, lo capa en el menguante de la primera luna del mes de enero.

-Paren machos las yeguas servidas en menguante y las que paren durante la misma faz de la luna.

-Paren machos las yeguas que pasan de los once meses de preñez.

-El domador que conoce todos los secretos de su oficio no domará nunca un potro en horas de la siesta. Son estas horas consideradas funestas para la doma, porque en vez de lograr un buen caballo, por más diestro o experto que sea el domador, sólo conseguirá un sancocho, como llaman los criollos al caballo que al andar mueve la cabeza de un lado al otro.

-Tampoco se capa un caballo en horas de la siesta porque "queda peyón".

-La proximidad de la primavera la siente el yeguarizo inquietándose y tratando de volver a su antigua querencia.

-En las domas a veces se acostumbra preguntar al domador si es soltero o casado o si quiere domar a lo pobre o a lo rico.
Si el domador contesta que es soltero o que quiere domar a lo pobre le sueltan el potro y con las guachas, le dan unos guascazos en las verijas para que salga corcoveando. En caso contrario, le tienen el animal hasta que se ha acomodado y luego lo apadrinan.

(Texto extractado del libro "El caballo y el recado" de Zapata Gollán)

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