Es difícil lograr que un criollo defina con claridad y precisión el pelo de los caballos. Mucho más difícil aún es que dos criollos esten de acuerdo en esta definición.
Este inconveniente proviene de la variedad que algunos introducen en la nomenclatura, al considerar también las manchas, basándose a veces en detalles insignificantes.
En cuanto al pelaje de los caballos, se destacan entre los más conocidos: alazán, acebrado, atigrado, azulejo, barcino, barroso, bayo, blanco, bragado, cebruno, cenizo, colorado, embarrado, gateado, hosco, lobuno, malacara, moro, negro, nevado, oscuro, palomo, picaso, rosillo, tobiano, sabino, tordillo, tostado, yaguané, zaino, etc.
Con respecto a las manchas, las más conocidas son: anca mora, albino, botas con delantal, cabos negros, corazón blanco o rosillo o moro o negro, gorro blanco, hocico luna, vaso blanco, vaso negro, zarco, etc.

 
 
 
 

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