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El freno más usado fue el llamado candado o mulero. Compuesto
por un bocado o puente cuyo centro tenía forma de V invertida
articulando allí una argolla que constituía una verdadera
barbada fija. Las patas llevaban cuatro argollas, unidas en el extremo
inferior por una media luna o pontezuela fija de hierro; esto evitaba
que el caballo pastara en el lugar donde quedaba atado.
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