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El viajero que debía recorrer largas distancias y que no
tenía o no quería llevar la tropilla, compensaba esta
falta con un "caballo de tiro", es decir, el que montaba
y otro de repuesto, para cambiar cuando aquél demostraba
encontrarse cansado. El "caballo de tiro" iba detrás
o a la par del montado, con bozal y sujeto del cabestro, aunque
también había animales seguidores, que seguían
al jinete en todo momento, sin que fuera necesario atarlos.
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